Pero entonces, ¿a qué hemos venido al mundo?

Pues a beber, a amar y a escuchar música. Mucha música.

A mantener largas conversaciones con gente que jamás

habíamos visto en nuestra vida. Hemos venido a viajar. A

llenar el pasaporte de tinta y el cuerpo de heridas. Hemos

venido a ver películas malas, pero también otras que nos

hagan sentir. Hemos venido a cocinar, a que nos cocinen, a

comer y a dejar que nos coman. Y esto no va de edades o

sexos o razas. Va de pulsos acelerados, de pupilas

dilatadas y de derramar la mayor cantidad de endorfinas.

Pero si tu pregunta se refiere a nosotros… hemos venido a

esta vida para la mayor de las simplezas. A sentirnos vivos.