Entiendo que a veces basta con respirar hondo, caminar sin
prisa por una calle que no conozco, mirar el cielo con
calma y dejar que el mundo me sorprenda. Que perderme
también es parte del camino, como cuando de pronto
acabas en una pequeña plaza en Roma, con un gelato en la
mano y el corazón un poco más ligero.
Aprendo que viajar no es escapar, es volver a uno mismo.
Y que en cada paso, en cada rincón nuevo, también puedo
encontrar paz.